Todo a punto para la desconexión: 3, 2, 1… ¿Podré?

4 Ago

Después de dos años sin vacaciones de verano y apenas cuatro días de descanso este invierno en Lanzarote (gracias al premio que me tocó en la quinta edición de “20 blogs”), ¡este año SÍ toca! ¡Yujus! Y qué vacaciones, ains… Quince días de playa y sol solo interrumpidos por una escapada para conocer, por fin, la Ciudad de la Luz: ¡París! ¿Qué más se puede pedir? ;)

Torre Eiffel, París

Pues sí, hay algo más: DESCONECTAR de verdad. En medio de esta vorágine de la superconexión y la dedicación exclusiva a los medios sociales, ¿será posible?

Hace unos años, nos íbamos de vacaciones y a nadie (vale, quizá a unos pocos, pero eran los menos) se le ocurría llamar a la oficina para conocer el estado de un trabajo y hacerle seguimiento en la distancia. Claro que había correo electrónico y teléfonos; tampoco era la edad de Piedra. Sin embargo, no estaba extendido el uso de los móviles, y menos con Internet; ni el de los portátiles, y menos con sus pinchos.

Como mucho, podías visitar un cibercafé para revistar tu mail de tanto en tanto a precio de oro (por cierto, ¿aún existen?). Vale, lo confieso: yo lo hice en varias ocasiones. Pero es innegable que poníamos en práctica de verdad la desconexión veraniega. Sí o sí. No nos quedaba otra, incluso para los workaholic.

Ahora es imposible (e impensable) no echar un ojo al iPhone o al HTC, en mi caso a ambos (uno personal y otro profesional). Lo mires por donde lo mires, prima lo inmediato, lo instantáneo de Internet, la conversación premiada por Google… ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, SOS!

Desconectar
Entre informarse y empacharse hasta la saturación hay una línea muy fina. ¡Cuidado con la llamada infoxicación! El término (del inglés information overload) fue acuñado ya hace treinta años, en 1970, por Alvin Toffler en su libro Future Shock y hace referencia a una de las que ya se habla que podría ser la nueva enfermedad de principios de siglo XXI.

El estado de superconexión empeora la capacidad analítica, aumenta la ansiedad y conduce a decisiones erróneas, según el artículo “Atentos a todo… y a nada” de El País.

Antes el geek por excelencia se aislaba. Ahora sencillamente tiene un smartphone con el cual se mantiene en contacto en cualquier momento y desde cualquier lugar con vídeos, fotos, redes sociales, Internet, etc. Toda la tecnología al alcance de un dedo. Así, no es de extrañar que solo el 5% de los usuarios se desconecta de Internet en vacaciones y el 68,4 % tiene previsto subir las fotos de sus días veraniegos, según artículos recientes similares publicados en Trecebits y el blog de Paty Gallardo.

Es más, el 53% de los mil encuestados dijeron sentirse “molestos” cuando fueron “privados de la conexión a Internet”. Poco más que añadir…

David Alayón y María Picassó nos ilustran en formato cómic cómo podríamos acabar, vía “Cooking Ideas”, el blog de Vodafone:


Suena a broma, pero hay que tomarse en serio las consecuencias: un agotamiento físico y psíquico considerable que precisa una cura de vacaciones de Internet.

¿Cómo? Apaga el móvil y el portátil, inspira y… relax… Al menos inténtalo la mayor parte del día, ¿hay trato? ;)

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