La desprotección de datos y la inseguridad de las mujeres

18 Sep

Era cuestión de estadística. En un país donde se denuncia una violación cada cinco horas, según el Ministerio del Interior, y donde la impunidad y permisividad han quedado patentes como en el caso de la Manada y otros cientos antes y después, que te toque lidiar con un abusador machista es solo cuestión de estadística.
De tiempo.

Y aún tengo que dar gracias. Claro. Porque “solo es un chico que te ha mandado unos mensajes y le bloqueas y ya”. Ajá.

Exagerada y oportunista me han llegado a llamar por hacerlo público; a mí, que el viernes de madrugada solicité un taxi para volver tranquila y segura a casa y el conductor se saltó todas las normas de la app para contactar conmigo después, no una, ni dos, sino ocho veces y por tres vías distintas.
Y la legalidad, en varias de sus vertientes.

Pero, cómo no, la señalada siempre es una.
Calladita estás más guapa.

Pagar para que te acosen. El ‘negociaco’.

La parte de sentirme halagada os la podéis ahorrar.
La de #notallmen, también.

Obviamente, sabía a qué me exponía contándolo en redes. De hecho, me lo pensé mucho a pesar de estar involucrada hasta las cejas en feminismo y defender a capa y espada los derechos y libertades fundamentales de las personas.

Sí, me dio miedo. Estaba muy nerviosa después de los cuatro primeros mensajes que se sucedieron la primera noche. Por SMS y Whatsapp (aquí intentando otra vía pero colando una excusa para forzar mi respuesta o cubrirse las espaldas viendo que no contestaba. Quién sabe).
Había visto cómo entraba en el portal de mi casa.
Mi cabeza iba a mil.

Me sentí muy vulnerable y dudé antes de ponerme en el punto de mira, encima, de la tropa de trols, machirulos y otros especímenes que atacan gratuitamente en Twitter; máxime con temas del sector del taxi, con la situación actual…
Lo tengo todo, papi.

Pero no podía callarme. Cualquier otra opción no era contemplable de ninguna de las maneras.

El que no se lo imaginaba era él: un chico atractivo y con buena presencia –sí, esto es importante, porque luego vienen los de “claro, como es feo”, “claro, como es taxista”, “claro, como es…”–. Pues no era el caso. Así que ahorradme el argumento de que un chico guapo no hace esas cosas, “que no tiene necesidad”.
Necesidad, no sé; creerse inmune para poder hacerlo, sí.

La que no tiene necesidad ninguna de pasar por esto soy yo.

Así que, tras pasar una noche de perros, denunciar por varias vías (abajo os dejo los enlaces o teléfonos) y no recibir ninguna respuesta por parte de la app en un tema tan urgente, decidí no callarme. Total, él ya tenía todos mis datos: mi nombre completo, mi dirección y mi tarjeta de crédito.
Por eso, me llama Inmaculada en sus mensajes.
Nadie que me conozca, más allá de mi madre, lo haría.
Mi usuario siempre es Inma en todas partes, excepto en los documentos oficiales.

¿Es importante la app? No, conozco casos que han ocurrido en otras y, por supuesto, los he difundido en mis redes. Ahí están.

Sencillamente, a mí ha ocurrido con un conductor que usa la plataforma Mytaxi y lo he contado así porque retrata lo que pasó exactamente.

Mi única crítica a la empresa, y que le he transmitido, es la ausencia de acciones instantáneas con carácter urgente que me hicieran sentir acompañada y resguardada durante las primeras 48 horas. Es cierto que en Twitter me contestaron a los treinta minutos y cruzamos un par de mensajes directos (gracias por tu empatía, CM de Mytaxi), pero creo que en casos así es necesario adoptar medidas extraordinarias de comunicación.

Siendo fin de semana no es fácil. Pero ¿qué voy a decir yo que me dedico a la reputación digital y la comunicación de crisis? Es inexorable.

Y como usuarias, necesitamos sentirnos protegidas.

De hecho, el taxista volvió a escribirme el domingo, esta vez por Instagram. Lo de usar una tercera vía para contactarme es justo una gran manera de no acosar; en su cabeza, supongo.

En fin. Sin comentarios.
Obviamente, tampoco respondí.

“No” es “no” y la ausencia de un “sí” también es un “no”.

Lo curioso de todo esto es que, desde hace unos años, solo recurro a apps para evitar el acoso y el abuso continuado que recibimos las mujeres yendo solas a casa en taxis por la noche.
Y eso es una realidad incómoda, mucho más para nosotras. Enfadaos, criticad, atacad. Sabéis que es cierto. Todas y todos lo sabemos.

Claro que no todos son iguales. Es ridículo tener que remarcarlo. Si todos fueran iguales, no podríamos salir de casa. Con que sean solo algunos, ya es demasiado. Deberían ser cero.

Es más, algunas de las personas que más me han arropado y defendido en Twitter, sin contar a mi gente, han sido justamente taxistas.
Gracias. Así sí.
Estamos en el mismo barco y así debe ser.

Cosas importantes tras todo esto

Dónde denunciar si te ocurre:

¿Y ahora? Pues a esperar que cada entidad aborde la investigación pertinente y pueda hacer su trabajo. Mientras tanto, yo solo deseo que la cosa no vaya a más.

Estoy algo más calmada, viendo el apoyo continuado que me está prestando desde el lunes Mytaxi. Me consta que están muy centrados en resolver esta situación y me han transmitido seguridad tanto por sus palabras como por sus hechos. Muchas gracias.

Y no van de farol. Por lo visto, desde principios de año, están volcados en la encriptación de los datos de su aplicación y ya están testando las compatibilidades tecnológicas. Esto es una buenísima noticia no solo desde el punto de visto de protección de datos, sino también de la seguridad personal.

Sí, toca esperar a que todos los organismos involucrados tomen las medidas de su competencia, porque está en juego no solo mi seguridad y confianza –esto no va solo de mí–, sino la de muchas otras personas, sobre todo mujeres.

Creo que estas apps, empresas e instituciones tienen la oportunidad de romper la baraja y comprometerse con todas nosotras, dando ejemplo y creando precedentes y, por supuesto, encriptando los datos personales para que ningún indeseable pueda hacer uso de ellos y abusar de su posición privilegiada y dominante.

Esto no acaba aquí. Ni de lejos.
Seguiremos informando.
Y seguiremos denunciando.
Es por las que vienen detrás.
Es por todas.

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